Era algo para guardar en un cajón, para conservar como recordatorio de los procesos naturales, como promesa de realización.
Cada día matamos nuestros mejores impulsos por eso es por lo que nos entra esa angustia, cuando vemos esas líneas escritas por las manos de un maestro y las reconocemos como propias, como los tiernos retoños que sofocamos porque careciamos de la fe para creer en nuestra propia capacidad, en nuestro propio criterio de verdad y belleza. Todos los hombres cuando se sosiegan, cuando se vuelven desesperadamente honrados consigo mismos, son capaces de pronunciar verdades profundas. Todos derivamos de la misma fuente. No hay misterio sobre el origen de las cosas. todos somos partes de la creación, todos reyes, todos poetas, todos músicos, basta con que nos abramos, con que descubramos lo que ya existe.

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